Carta del Director
No sé si estas palabras son las que necesites leer ahora. Nacemos, crecemos y tenemos infancias fantásticas -no en todos los casos- y luego somos lanzados al mundo a tratar de convertirnos en adultos. De eso habla exactamente Grecia.
Siempre la sentí como el origen de algo, el origen de un cuestionamiento que solo con el tiempo iba a poder entender bien y que envolvía conceptos como las relaciones sociales, las amistades, la pérdida y la aceptación. Es un destello a todo lo que hacemos durante nuestra juventud: emborracharnos, sentirnos fuera de lugar en una fiesta, conocer gente interesante, ir a “reus”, mentir sobre nuestros trabajos, ocultar nuestros sentimientos o incluso llegar a decir la verdad, aunque cueste y podamos lastimar a personas.
Para el momento en que hice Grecia, me encontraba exhausto por la manera en cómo eran retratados los jóvenes dentro de nuestra cinematografía nacional. Razón suficiente por la que tuve la intención de crear un relato que tenga la facultad de reflejar la manera en cómo nosotros pensamos, sobre lo que realmente hacemos y lo que sentimos. Una voz generacional que pueda empatizar tanto con jóvenes como adultos, tal cual lo ha hecho.
Considero que el arte necesita ser auténtico. En la vida real también deberíamos tratar de serlo. Vivimos rodeados de cosas insustanciales y de una cultura en decadencia en donde cada vez menos personas tienen el valor para escarbar en lo profundo de su ser y tener algo que decir. Asimismo, percibo que nosotros como seres individuales, a veces nos olvidamos de escucharnos y encontrarnos. Escribí Grecia en una sola tarde con todas estas cosas rondando por mi mente y queriendo contar mi vida desde una perspectiva completamente distinta a la mía: una perspectiva femenina.
“Grecia” es una historia de amistad en donde las propias emociones unipersonales se sienten como una “traición”. Donde en realidad estas “traiciones” resultan simplemente ser “decisiones”. Haciendo hincapié en fomentar la compresión. Era importante dar a entender que no existen héroes ni villanos, dejar a los espectadores con el “vacío” y con un final que empuña un arma de doble filo: una pérdida o una esperanza.
Todos pasamos por momentos complicados y retadores, pero solo quedan los ánimos de salir adelante con lo que se tenga. De todo sufrimiento puede salir una gran experiencia que pueda nutrirnos para encontrar un mejor camino.
No sé dónde me lleve todo esto. Han pasado apenas 5 años desde que grabé este proyecto, siendo un director muy inexperto. Considero que he aprendido mucho de la vida y de mi profesión. Siento nostalgia por ese chico tan joven que era y por esa sensibilidad tan particular. Me agrada dejar ir esa etapa sintiendo que ahora reflejaré las cosas de una manera distinta, lo cual me gusta. Fuera de todo, me siento muy feliz de haberme lanzado a hacer este proyecto.
Quiero agradecer y reconocer el arduo trabajo de muchas personas, las cuales ya no frecuento mucho. En realidad, muchos creen que soy como Mateo, pero en realidad soy más como Alex, me interesa mucho más pasar la página, seguir con el aprendizaje y listo. Espero se encuentren bien, Zoe Callegari, Rafaella Mey, Hiroko Beraún, Nathalie Perez, Alison Arone, Karen Mori, Yazmin Armas, Jesús Salazar, Nahara Farfán, Gabriel Champa, Michel Loayza, Diego Paredes, Claudia Vásquez, Ricardo Marmolejo, Cesar Pita, Franco Iturry, Alberto Mejía, Daniel Vilela, José Florian, Celio Castro, Paola Ruiz. Creo que hicimos algo chévere.
Gracias a ellos por confiar en mí y también gracias a ti por leer esto. Mi máximo deseo es que puedas hacer algo que te haga sentir satisfecho o satisfecha, que te llene, que te pueda ayudar a encontrar tu propia felicidad y recuerda siempre buscar lo auténtico. Hagamos eso y nuestra historia jamás será olvidada. Ten un buen día y una buena vida.