Carta del Director
Recuerdo que la idea surgió en mi cabeza repentinamente: sería interesante crear un experimento visual y sonoro a través de un recuerdo. Creí que lo mejor para ejercitarme antes de definir mi estilo, era hacer un cortometraje experimental que represente la mente de un personaje trastornado a través de memorias distorsionadas.
Contacté a algunos amigos cercanos en ese momento y nos fuimos a la casa de uno de ellos a grabar, quien terminó siendo el protagonista. El proyecto fue grabado con muy bajo presupuesto y el objetivo siempre fue crear un paisaje sonoro que pueda ser molesto, incómodo, retador y apabullante, y mezclar todo eso con una imagen desprolija y de recursos precarios. Todo ello derivó en un cortometraje de suspenso/horror experimental que juega mucho con la tensión, la cual fue construida a base de un crescendo, una exploración sensorial que siempre me ha interesado mucho.
La idea siempre fue usar la mayor cantidad de elementos sonoros, mientras que las imágenes iban tornándose más pesadas, la música envuelve y complementa la emocionalidad. Visualmente quise emular un ambiente de terror que no tenga una paleta oscura, lo cual me parecía muy predecible. Más bien hacer todo lo contrario, al jugar con el color y que aquello aporte a la atmósfera y la sobrecargue.
Creo que este corto me sirvió como experiencia para lanzarme a hacer las cosas. Es importante recordar y reconocer que no necesitas todos los recursos al inicio, lo importante es hacerlo y aprender de ello. Cada pequeña cosa lleva a la siguiente.
Me llevo muy buenos recuerdos de esta primera experiencia que, a pesar de las limitaciones técnicas, siempre será esa primera grada que recordaré con mucho cariño.